
Que tengamos la fuerza y la presencia necesaria para abrir los ojos, y poder atravesar la noche, la locura.

Tarde infinita y el cielo su reflejo
deseo de aflojar la impermanencia
quitarme escamas de los brazos como el pez que fui alguna vez.
Día tras día que viví y no recuerdo, pero intuyo.
Intuyo el agua, y la caída del agua montaña abajo sobre el río.
El café gotea y cae sobre la mesa,
segundo a segundo se vacía el día,
profundiza un agujero en el reloj de pared viejo.
Estoy aquí.
Mañana no estaré.
Quizás en otra vida no recuerde pero intuya cuando me encuentre
un olor parecido, un piso de cuadros, esta mesa de madera.
Quizás un día recuerde que era mujer y que dormía con la luna,
que el tiempo fue corto
que bebí suficiente.
La tarde es infinita.

La penitencia sobreviene en oleadas,
Lacerante, intermitente en el medio del pecho,
Siempre.
He cuidado tu recuerdo casi como a un vivo
Casi como a un santo.
Caído.
¿Cómo puede ser que llenes un espacio con tu ausencia?
Es un lento dominio el de tu reino.
¿Cómo puedo hacer para matarte?
He fallado treinta y un veces,
Y sigue apareciendo tu antena dolorosa,
palpitante.
¿Cómo puedo hacer para matarte?
Si no te conozco
Si nunca te vi realmente.
Pero continuó todo en movimiento
Cínicamente comenzó a girar
Y empezamos a habitar la pérdida.
Cada cuál en lo suyo
Asumiendo su locura.
Y de allá viene tu agujero
Tu nombre empolvado
Tu corona.
Cómo puedo hacer para aliviarnos.
¿Cómo puedo hacer para enterrar a un muerto?


Voy a dejar migajas de la mesa a mi cama para que me encuentres si me buscas… Te estaré esperando con canciones que grabé en el agua.
Tarde o temprano escucharás, y volverás a ese año que he nombrado como “el año de los ríos”, porque pasamos los días muy cerca del agua, casi como peces.
Si te pierdes, cierra los ojos y escucha.
Nunca estamos demasiado lejos.
Somos nómadas. Tú y yo. Nuestra casa ha sido siempre el camino. Ambos nacimos en una transición, ninguna de nuestras ciudades fue siempre nuestra. Recuerda, Pierrot, los caminos son sabios. En ellos transitamos dejando ofrendas a la muerte que abre nuevos riscos frente a nosotros. Somos sabios y viejos en el universo. El aire nos levanta y nos vuelve de plumas como las garzas que no pisan dos veces la misma arena.
(Video hecho por mis amigos de Nomadelia)

¿Por qué pregunto dónde estás,
si no estoy ciego.
si tú no estás ausente?
Si te veo
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.
(Pedro Salinas)

Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo.
Leopoldo María Panero
"Last night together" 1980



Estos días ha vuelto la nostalgia, esa que se asomaba en los días de lluvia cuando me quedaba dormida viendo como resbalaban las gotas por la ventana. Esos días que presagiaban una partida hacia alguna parte. Un destierro. Una despedida. Una muerte. Un bardo entre un lugar y otro, como estar en medio del océano en un día sin mucho viento que no lleva hacia ninguna parte. Un paréntesis silencioso entre tierra y tierra.
Estos días tendré que comenzar a desempolvar todo, no son muchos años acumulados en esta pequeña casa que hoy habito, pero soy muy dada a los apegos. Quiero ese pequeño rincón con esa planta que conservo desde los 15 años y a la cuál nombre Cosme. Quiero esa cocina en la que aprendí a hacer mermelada y en la que cocinamos pizzas para tantos amigos. Quiero ese cojín de barcos que hizo una amiga con sus propias manos. Quiero este rincón en el que escribo con esas polaroid en la pared, esas postales, esa hada que me siguió desde la Patagonia y un dibujo de nieve.
Me asustan los movimientos, observo con recelo los cambios, no vaya ser que alguien mueva demasiado los objetos y ya no reconozca dónde está mi hogar. Hoy suena a que no se encuentra en ninguna parte, que ha dejado de ser el jardín de casa de mis padres y que tampoco es esta pequeña casa con su piso de madera. Soy un montón de recuerdos, cajas y objetos que se han olvidado entre una mudanza y otra, como pequeñas piezas de mí que van quedando rezagadas.
Hoy empieza la mudanza y habré de cambiar de una estación a otra, pasar de la primavera al invierno, saltándome el verano y el otoño para llegar a un invierno en un país quizás demasiado lejano y a la vez presente todo el tiempo. Llegaré al frío húmedo de esas tierras e intentaré colarme con el viento, tratando de hacer mío un espacio al que quizás pueda llamar “casa”, aunque sólo dure un momento.

