jueves, 26 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Cambios

Estos días ha vuelto la nostalgia, esa que se asomaba en los días de lluvia cuando me quedaba dormida viendo como resbalaban las gotas por la ventana. Esos días que presagiaban una partida hacia alguna parte. Un destierro. Una despedida. Una muerte. Un bardo entre un lugar y otro, como estar en medio del océano en un día sin mucho viento que no lleva hacia ninguna parte. Un paréntesis silencioso entre tierra y tierra.
Estos días tendré que comenzar a desempolvar todo, no son muchos años acumulados en esta pequeña casa que hoy habito, pero soy muy dada a los apegos. Quiero ese pequeño rincón con esa planta que conservo desde los 15 años y a la cuál nombre Cosme. Quiero esa cocina en la que aprendí a hacer mermelada y en la que cocinamos pizzas para tantos amigos. Quiero ese cojín de barcos que hizo una amiga con sus propias manos. Quiero este rincón en el que escribo con esas polaroid en la pared, esas postales, esa hada que me siguió desde la Patagonia y un dibujo de nieve.
Me asustan los movimientos, observo con recelo los cambios, no vaya ser que alguien mueva demasiado los objetos y ya no reconozca dónde está mi hogar. Hoy suena a que no se encuentra en ninguna parte, que ha dejado de ser el jardín de casa de mis padres y que tampoco es esta pequeña casa con su piso de madera. Soy un montón de recuerdos, cajas y objetos que se han olvidado entre una mudanza y otra, como pequeñas piezas de mí que van quedando rezagadas.
Hoy empieza la mudanza y habré de cambiar de una estación a otra, pasar de la primavera al invierno, saltándome el verano y el otoño para llegar a un invierno en un país quizás demasiado lejano y a la vez presente todo el tiempo. Llegaré al frío húmedo de esas tierras e intentaré colarme con el viento, tratando de hacer mío un espacio al que quizás pueda llamar “casa”, aunque sólo dure un momento.
lunes, 2 de mayo de 2011
Dejad que los buitres se acerquen a mí
Dejad que los buitres se acerquen a mí
Que con sus bocas feroces traspasen lo poco que de mí queda
Esta muerta mía (última sobreviviente)
comprende que nació para alimentar a los lobos en noches silentes de hambruna
que su vida fue un pretexto absurdo de entregar la piel
para que otros la habitaran
incluso, la muerte,
que se disfrazó en su cuerpo y vio a través de los ojos de la vida
lo que significa la ausencia
lo que significa la niebla
lo que significa el miedo cuando los buitres han visto sus piernas
y comienzan a volar en círculos formando halos temibles
como coronas de espinas en el cielo
esperando
esperando
esperando
el primer error
el primer deseo de matar
el primer asesinato
la primera culpa
la primera de mis muertes
Alas negras, perversas
Plumas negras, bellísimas
Comiendo lo último de mí
Los despojos del sueño los gusanos de la carne
La muerte la no vida
Alguna vez renaceré y la muerte ya no me habitará dentro
Alguna vez volveré a ser.
miércoles, 20 de abril de 2011
Viajes portátiles

miércoles, 13 de abril de 2011

sábado, 19 de febrero de 2011
"Hijo de hombre", Roa Bastos

domingo, 6 de febrero de 2011
Tres momentos sobre la cuerda floja

miércoles, 2 de febrero de 2011
Lecciones de piano

martes, 25 de enero de 2011
Reconstrucción

jueves, 20 de enero de 2011
Tú no me has dado nombre de pájaro

Tú no me has dado nombre de pájaro, quizás nunca me viste volando.
Más bien tocaste mi cuerpo y sentiste la tierra en mis piernas.
Entre tus dedos se coló mi locura, pero la advertiste terrestre y
volteaste hacia el cielo en busca de tu garza mora inexistente.
Tú no me diste nombre de pájaro y entre nosotros batió sus alas la distancia.
Entre una naturaleza y otra nos volvimos polvo, fragmentos de nosotros mismos
que intentamos soplar al mismo lado, pero polvo al fin, y muerte en la tierra.
Tú no me diste nombre de pájaro, pero mientras dormías mis plumas
se mojaban en la luna dejando ser en el silencio aquella que en un amanecer es ave.
Tú no me diste nombre de pájaro.
Tú no supiste mi nombre, nunca.
jueves, 13 de enero de 2011
Estamos de fiesta

miércoles, 12 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Domingo

(Foto de Facundo Torrieri)
miércoles, 5 de enero de 2011
Pierrot, mon fou.

martes, 4 de enero de 2011
"Voyereando"

(Foto de Facundo Torrieri)
Simone Alalúz.
lunes, 3 de enero de 2011
Tempo
Según Wikipedia: tempo (en plural, tempi), movimiento o aire es la velocidad con que debe ejecutarse una pieza de música.
Encontrar el tempo, la rítmica propia de la respiración. La cadencia para ordenar el sueño, el contrapunto para meter la locura en un puré de papa. El ritmo propio para zapatear sobre el techo del vecino, para llorar ahogando en la almohada un dolor de muelas; el silencio para mirar el techo y pensar en la muerte o el año que empieza, el ritmo propio para no hacer nada, para simplemente estar, sin resistencias.
Encontrar el tempo, y volverse uno con él, bailando.
domingo, 2 de enero de 2011
Once copos
Recuerdo lo negro, la oscuridad, el desprendimiento y el frío.
Recuerdo la ventana y los copos blancos cayendo, primero suavemente,
después, con más furia y violencia.
Era un día de enero,
era una tormenta de nieve.
Balanceándome en esa gravitación de agua congelada, nací, en una ciudad llamada Salt Lake City, ciudad del gran lago salado. Un lago de sal, un nacimiento no esperado en un lugar lejano, casi un destierro.
Digo mi nacimiento porque creo que el lugar y sus condiciones, marcan indefectiblemente la vida de las personas, el curso que la tinta seguirá en el papel. Y digo mi lugar de nacimiento como daría vida a un personaje, eligiendo su origen y destino para que los que encuentren interesante leer estos pasajes, tengan la referencia blanca y violenta de mi origen.
No sé qué escribir, ni por qué a alguien le tendría que interesar leerme. Simplemente escribo, como muchos han dicho, por el simple hecho de que no puedo no hacerlo. Porque desde mi rareza de sal, crecí como la isla de un país, cuyo barco a tierra eran el drama y la poesía.
Eso, no más. Simplemente creo que cada uno tiene una naturaleza; la mía es quizás un silencio cabreado y el exilio. Yo le echo la culpa a la nieve, y a esa tormenta de media noche que eclipso mi grito primero.
Pero ese fue sólo el principio...

